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Citas de Heinrich Heine: "Si quieres viajar hacia las estrellas, no busques compañía" █ "Los sabios emiten ideas nuevas; los necios las expanden". █ "La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca". █ "Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres". █ "Un amigo me preguntaba porqué no construíamos ahora catedrales como las góticas famosas, y le dije: Los hombres de aquellos tiempos tenían convicciones; nosotros, los modernos, no tenemos más que opiniones, y para elevar una catedral gótica se necesita algo más que una opinión."

Ciudadanos de Babia

5.5.09

ACERCA DE LA SRA. GORDA DE SALINGER......


CULTURA
LAS AFUERAS
La señora gorda
JUAN BONILLA

En uno de sus más conmovedores relatos, el titulado Zooey, Salinger nos habla de la señora gorda. Zooey es actor y habla con su deprimida hermana Franny acerca de cuáles deben ser las aspiraciones de un artista. Zooey fue un niño prodigio que cobró celebridad en un concurso de radio. Un día se encaminaba al estudio para un nuevo programa cuando su hermano mayor, Seymour, le hizo notar que llevaba los zapatos sucios. Le dijo: limpiátelos en honor a la señora gorda.

Nunca le dijo quién era esa señora gorda, pero a partir de entonces Zooey, siempre que había de aparecer en público, se limpiaba los zapatos escrupulosamente para mostrar su respeto por la señora gorda. Se la imaginaba sentada en la entrada del teatro, con las piernas llenas de varices, o bien en su casa, en una horrible silla de mimbre, con la radio puesta el día entero. «Me tiene sin cuidado donde trabaja un actor, en una compañía de aficionados que sólo hace funciones en verano, o en un teatro de Broadway, lleno de gente elegante y bien cebada. Pero te diré un secreto, todo el público, sea el que sea, está compuesto siempre de las señoras gordas de Seymour. No hay nadie en el mundo que no sea la señora gorda de Seymour».

Esta delicada revelación del más secreto de los escritores del siglo XX, y uno de sus más intensos poetas, debería colocarse en la puerta de entrada de todas las galerías y museos de este mundo, de todas las facultades susceptibles de impartir disciplinas creativas -por llamarlas groseramente- junto a otra leyenda que dijera: «Aquí se enseña a herir la sensibilidad». Es algo que se echa de menos en tanta obra literaria o artística. Cualquiera que no haya sido concebida para herir la sensibilidad de su receptor, poco tiene que decirle a la señora gorda que todos llevamos dentro y que se merece zapatos limpios.

Sin embargo, si miras alrededor, el verdadero homenajeado en tanta obra literaria o artística hoy es el ombligo del emisor: a menudo se escribe, se crea, sólo para que el ombligo de quien lo hace obtenga la satisfacción del leve aplauso de la crítica y el periodismo especializado, perdida toda esperanza de herir a nadie que esté al otro lado. Hace poco, Sánchez Dragó me preguntaba: ¿si estuvieras en una isla desierta sin posibilidad de enviar nada de lo que escribieras, escribirías? El aseguraba que siempre había pensado que quien contestara «sí» era un verdadero escritor, y que quien contestara «no» era un impostor que sólo buscaba fama o respeto o cualquiera sabe qué. Contesté «no», porque en una isla desierta a mí no se me ocurriría otra cosa que ahogarme y porque pensé en la señora gorda de Seymour, la encargada de justificar todo lo que se escribe, se pinta o se filma. Si ella no estuviera en la isla desierta, ¿qué sentido tendría escribir?

Me acuerdo de todo esto ahora que llega a mis manos un libro pirata y muy difícil de conseguir. Se titula 22 stories, y reúne los relatos que Salinger fue publicando en revistas como The New Yorker y luego nunca recogió en libro. Hay varias obras maestras allí, junto a algunas piezas menores, y en todas ellas es visible la presencia de la señora gorda justificando el esfuerzo del narrador.

Los relatos de Salinger no se sostienen sobre historias fascinantes, se alargan en conversaciones minuciosas, sus anécdotas son muchas veces insignificantes. Y sin embargo, cuánta profunda sabiduría y qué poco canto al ombligo propio hay en ellos. Un cuento como El corazón de una historia rota (traducido al por Javier Marías en un número de la revista Poesía) es una obra inolvidable, tan sutil en su aparente nimiedad de historia imposible de chico conoce chica.

La lección de Salinger es nítida: la señora gorda es a la vez nuestra cómplice y nuestra enemiga. La necesitamos sí, no para adularla más allá de los zapatos limpios, sino para herirle la sensibilidad, que es la única manera que tiene una obra de arte de recordarnos que estamos vivos y que eso es algo que siempre merece ser celebrado.

FUENTE: EL MUNDO.ES

4 comentarios:

Jaime López dijo...

Esa "señora gorda" lleva mucho tiempo sentada en un butacón frente a mi escritorio, mirándome a los ojos de forma impertinente. Le pregunto: -¿me permite esribir en paz? Ella se mofa mi hoja en blanco y abandona mi habitación soltando un ruidoso pedo.

Arwen dijo...

La Sra. Gorda es la más tierna lectora que he tenido. Siempre es amable conmigo, y a pesar de que mis textos no son buenos, los oye con paciencia y tiene una palabra amable al respecto, y también un buen consejo. Se mueve con dificultad, pero no para quieta. Siempre me invita a comer y yo me quedo con ella. Nos encanta pasar el día juntas y mirar el vuelo de las aves migratorias.

AlexandreSM dijo...

Da gusto tu señora Gorda , Arwen. Como siempre nos sorprendes con tus entradas :)

Arwen dijo...

Gracias, Alex.
Debo reconocer que tengo en ti un apoyo incondicional, aunque me equivoque ;-D
Te recomiendo encarecidamente Franny y Zooey, de Salinger. Sé que te encantará.
Un enooooooorme abrazo.

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