13.12.09

Víspera





El marinero bebe la rosa de los vientos


en cristal de bandeja y luna clara.


En pie sobre sus anclas el barco soñoliento


devana sus cadenas y peina sus amarras.








Enhebrada se queda la aguja del viaje,


junto a la carta azul, el compás y la lente;


mientras que el capitán, entre dos blancos mares


- ágil nadador joven - limpia espuma desteje.








Sobre su frente, el atlas abre su mariposa,


y en el papel, el barco juega a flores distantes,


trazando itinerarios entre las planas olas,


que el pincel del ensueño tiñe con falso esmalte.








Fuera del camarote: la cubierta dormida


meciendo sus naranjas, entre miedo y tristeza.


Por las calles del puerto aun las luces oscilan


y en los bares lejanos las voces cabecean.








Una estrella derrama su baraja de oro.


Een la mesa del agua juega el pez y el reflejo.


La campana acaricia al silencio que ha roto


y cubre sus heridas con el blanco pañuelo.








Las anclas justifican el molde de su ausencia


aun sujetas al suelo entre rosas profundas.


La enmohecida hélice sus pétalos ordena


y la máquina fiel su corazón ajusta.








La brújula se inquieta por su largo descanso;


la inquietud multiplica los puntos cardinales


y muestra al marinero en su oráculo falso


el bacón y la rosa, final de su viaje.








Toda la noche cuelga como un gran mapa negro.


El cartón de la luna gira su blanca esfera,


y en ella busca el barco con su largo puntero


el puerto mas cercano y el agua mas serena.








Otro barco en mi pecho su movimiento imita


- ¡ doble siempre mi alma en su imagen dispersa ! -


sus barandas arregla para la despedida


y su timón prepara para el alba que espera.


Emilio Prados

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