16.9.08

El angel del otoño

Diciembre y veintiuno.
Llamaradas de yedra
han enredado mi
torreon de tristeza.

Diciembre y veintiuna
campanadas que aprietan
todavía -dogales-
mi garganta de niebla.

Alto corcel de sombra,
anunciador, se lleva
sobre su piel de lluvia
mi dorada paciencia.

El invierno entreabre
su libro; se me cierra
mi libro; la penúltima
hoja gris se descuelga.

Dejadme en la llanada:
Me hace bien, cuando nieva,
tanto golpe de nieve
sobre mis alas secas.

Carlos Murciano
Ángeles de siempre (1958)

No hay comentarios:

Publicar un comentario