20.11.09

¿Quién leerá mis versos?

Quem sabe quem os lerá?

Quem sabe a que maôs irâo?

Alberto Caeiro, O guardador de rebanhos


¿Qué será de mis versos? ¿Quién los leerá?

Pronto me iré, y así será, y me iré ¿y qué pasa?

Me he resignado a irme, como me resigno

a los dolores de la tendinitis, a los cólicos

que arquean el cuerpo y a la mala circulación.

Qué importan las novelas, los cuentos,

las crónicas o ensayos ¿pero mis versos?

Si en el futuro alguien los lee, tal vez perciba

que los escribí con la llama del sol en la hoguera del mediodía

sobre los girasoles, con los matices múltiples

del púrpura y del violeta en la disminución del crepúsculo,

con el grito doloroso del tigre lanceado

en el momento de fallar la red,

con gotas de sangre del pecho de las golondrinas

que no lograron completar el vuelo.


MARCO ANTONIO CAMPOS. Méjico, D.F., 1949. Es poeta, narrador, ensayista y traductor. Ha publicado los libros de poesía: Muertos y disfraces (1974), Una seña en la sepultura (1978), Monólogos (1985), La ceniza en la frente (1979), Los adioses del forastero (1996), Viernes en Jerusalén (2005), y reunió su obra completa en El forastero en la tierra (1970-2004). Se ha dedicado a la traducción de poetas como Artaud, Baudelaire, Lapointe, Rimbaud y Ungaretti, entre otros. Ha obtenido los premios mejicanos Xavier Villaurrutia (1992) y Nezahualcóyotl (2005), y los españoles Casa de América (2005), el Premio del Tren Antonio Machado y, recientemente, el Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Melilla”.

3 comentarios:

  1. Un poema precioso, triste, y yo siempre pienso que alguien habrá que encuentre esa página que no solo lea sus versos, sino que también los comprenda, incluso entre líneas, más allá de las metáforas.

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  2. Precioso y desgarrador a la vez. Hace tomar conciencia del paso del tiempo, de lo que dejamos aquí.

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